Para todos los amantes del amor románticos empedernidos
Dulce pecado
— Padre confieso que he pecado
— Dime hija, que pudo ser tan malo
— Durante la noche tengo “sueños húmedos”
— ¡Y que tiene eso de malo!
— Es con usted con quien fantaseo
— ¡Ah! ¡Oh! ¡Uy! Ya hija, ya está bien
…ummm
— ¡Es hora de misa, mujer! Date prisa…
Y el cura acomodó su bulto encogido,
lavó su negra conciencia,
le dio la bendición a su virgen;
sacó un pañuelo de blanco hilo
acomodó la negra sotana
y secó la viscosa láctea
de los labios de su amada;
la besó dulcemente,
y despidiéndose con la mirada
se prometieron amor eterno
hasta la próxima velada.